Diario estelar

miércoles, julio 05, 2006

Plutón.



Las máscaras de Caronte cubren el piso del puente de mando, el lugar donde la mayor parte de la tripulación del Astragon se ha reunido tras la resaca de la fiesta carnavalera. Todos contemplamos la gran pantalla en un estado cata tónico, con el sentimiento de culpa del borracho arrepentido a destiempo. Mientras, la visión de un Plutón enojado crece y crece a nuestros ojos, se magnifica por momentos y amenaza con engullir nuestro débil cascarón: el armazón del Astragon con su contrachapeado de titanio.

Pese a que vivimos momentos poco propicios, no puedo evitar cuatro anotaciones en mi diario estelar sobre este planeta; el más alejado del Sol. Aunque esta última aseveración no es del todo cierta, dado que el viaje de Plutón entorno al Sol llega a tener una duración de más de dos siglos (un año en Plutón equivale a 248 años terrestres). Durante esos 248 años, la órbita elíptica del planeta conduce a Plutón dentro de la órbita de Neptuno; con lo cual, ambos cuerpos celestes se sitúan a la misma distancia del astro rey.

Plutón entró en el catálogo planetario en el año 1930 y fue descubierto por el astrónomo norteamericano Clyde Tombaugh. Este planeta exterior se encuentra a una distancia media del Sol de 39,44 unidades astronómicas. Aquí es necesario hacer un inciso, para todos aquellos que desconocen la terminología de la navegación cósmica: una unidad astronómica es la distancia media entre el Sol y la Tierra, obtenida a través del movimiento orbital del planeta (nuestro año con sus estaciones y sus juergas de Noche Vieja). En cifras, esa distancia media, llegaría a ser el equivalente a 149.597.870 Km; para un navegante cósmico, deberíamos hablar de 499,005 segundos-luz.

Esa distancia media de 39,44 unidades astronómicas tampoco es del todo cierta, pues, dentro de su enorme órbita, Plutón se aproxima al Sol entre unas 30 y 50 unidades astronómicas. Para daros una idea de la lejanía de Plutón, os apunto este dato: en el transcurso de su afelio (el punto más distante del Sol en el que pueda encontrarse un planeta) la luz del Sol tarda 7 horas en llegar a este planeta distante; distante y pequeño. Plutón es unos dos tercios del tamaño de nuestra Luna, lo que viene a ser 2.320 km de diámetro. En cuanto a la distancia, tanta lejanía no podía ser buena, pues Plutón es un infierno helado de 50 grados kelvin (230 grados bajo cero en el formato Celsius).

En la mitología romana, Plutón era el dios del inframundo (el purgatorio de Hades). Era tal el aburrimiento del dios en sus posesiones del inframundo, y tan grandes sus carencias que, Plutón, en un rapto libidinoso raptó (valga la redundancia) a la hija de la diosa Ceres, Proserpina, llevándosela a su reino de oscuridad. Ceres era la diosa de la tierra, de la agricultura, además de hermana del propio Plutón.

Debido al disgusto por el rapto de su hija a manos de su propio tío, Ceres descuidó sus quehaceres terrenales, permitió que el frío golpeara los cultivos y quemara las plantas, cosa que permitió el nacimiento del invierno. Júpiter-Zeus intervino en el asunto y obligó a Hades-Plutón a devolver a Proserpina (Perséfone para los griegos) al mundo exterior. Pero la astucia de Plutón le llevó a tentar a la muchacha con una cena de despedida. Perséfone, una vez hubo probado el alimento de los muertos, se vio obligada a regresar cada año al reino de su tío.

Las estaciones nacieron como consecuencia de esa artimaña del dios del inframundo. Cuando Perséfone regresaba al mundo exterior, la naturaleza florecía, renacían los árboles y maduraban los trigales, y cuando la muchacha volvía al reino de Hades, la tierra se inundaba con la desolación del invierno: la manifestación del dolor de Ceres (Deméter para los griegos) por perder a su hija.

Mientras tomaba mis apuntes pegado a la pantalla del puente de mando, en la cámara de navegación holográfica, uno de los técnicos de mantenimiento ha intentado desconfigurar el programa del astrolabio digital. Dado que al técnico le ha sido imposible borrar los hologramas (el más hijo puta de los Carontes hizo un buen trabajo) de las chicas en pelotas que se mueven entre satélites, planetas, elípticas y espacios orbitales, el muy astuto ha reproducido el mismo trasero que confundiera al trazador direccional; después, ha insertado la copia en la imagen de Plutón como si de un traje se tratara, y encima le ha sobrado tiempo para introducir en el programa un mandato de órbita estacionaria. Tras la resaca de la fiesta carnavalera, tenemos un astrolabio cargado de tetas y culos, eróticas partes femeninas que describen un movimiento de traslación entorno al Sol; pero sobreviviremos. En estos momentos, el Astragon se encuentra en perfecta sincronización con el planeta, ayudado por un movimiento de rotación acompasado al de su luna Caronte. Todo ha salido a pedir de boca, mañana descenderemos en Plutón para proveer de vituallas y material tecnológico a la base de terraformación instalada en el ecuador del planeta.

miércoles, junio 28, 2006

Caronte.

Desde el perímetro del Sistema Solar, la nave Astragon se dirige a casa en su misión de catalogar todos los fenómenos astronómicos del universo conocido. Hemos repostado en una órbita fija en las cercanías de Caronte, la luna de Plutón. Caronte fue descubierto en el siglo XX (en 1978) por el astrónomo James Christy, del Observatorio Naval de los Estados Unidos. El satélite, desde una distancia de 19.400 km, describe una órbita en torno a Plutón cada 6,4 días terrestres. Caronte está formado de los mismos materiales que el planeta al que permanece enlazado, agua helada y metano congelado. Con lo cual, parece plausible suponer que ambos nacieron de la misma bola de fuego y gas incandescente. Sus 1.300 km de diámetro convierten a esta luna en una de las mayores del Sistema Solar, siempre que equiparemos su tamaño con el del planeta al cual los designios cósmicos unieron. En aquella bola de fuego primordial, Plutón perdió más de la mitad de su tamaño para construir a Caronte.

En la mitología griega, Caronte era el barquero encargado de transitar las almas de los difuntos a través de la laguna Estigia (según relata Virgilio en la Eneida) o el río Aqueronte (según la versión del historiador Pausanias o del poeta Dante Alighieri). Como quiera que fuese, si laguna o río, la cuestión es que el barquero conducía las almas al reino de Hades (Plutón para los romanos). Hades era un purgatorio similar a la limbo-región abolida por el Vaticano a principios del siglo XXI (que gran pérdida fue aquello). Para acceder a aquel purgatorio había que pagar entre uno y tres óbolos (en la actualidad, un óbolo equivaldría a algo así como 50 céntimos de nova) que se depositaban bajo la lengua del muerto; pues Caronte, como todos los barqueros, conductores de autobús, guaguas, tranvías o servicios de cercanías Tierra-Marte, era un agarrado estricto.

Debido a las connotaciones demoníacas del personaje mitológico y coincidiendo con la entrada en el Sistema Solar, alguien propuso una fiesta carnavalera similar a la que los viajeros náuticos celebraban tras el cruce de la línea ecuatorial terrestre. Todo el mundo tuvo la genial idea de disfrazarse de Caronte, un viejo renqueante ataviado con una simple máscara. Para evaluar el resultado, baste pensar en la impunidad que proporciona un disfraz. Si a esa impunidad le añadimos el anonimato magnificado, de una tripulación entera disfrazada del mismo personaje, tenemos una colección de todo tipo de tropelías sufridas desde el puente a las bodegas y desde la arboladura solar al timón fotónico. Alguien sustrajo de su camerino el diario de bitácora del capitán, que circula de mano en mano, tanto para deleite del personal de plantilla como del agregado. Pero, lo más grave ha sido el sabotaje perpetrado en la cámara de navegación holográfica. La mano oculta de uno de los carontes, introdujo figuras de chicas en pelotas entre las imágenes de planetas, satélites y asteroides, con tan mala fortuna que una de las líneas direccionales que trazan la ruta automatizada de la nave, topó con la nalga de una chica holográfica esbozada en la misma escala que el planeta Plutón, posicionando al Astragon en dirección a la susodicha nalga. Lo peor aún está por contar, pues, el auténtico Plutón, se interpone con el trasero de la chica. La alerta roja se ha activado, estamos en ruta de colisión con el planeta más alejado del Sistema Solar. Moriremos en el puto culo del Universo sin que nadie nos recuerde, a consecuencia de la injerencia direccional de otro puto culo. Ironías cósmicas.

domingo, junio 25, 2006

Caronte

sábado, junio 24, 2006

Singularidades.



Hoy, en clase de mecánica cuántica, nos han hablado de la singularidad. La singularidad cuántica nace en un punto de densidad infinita, apadrinado por influencias gravitacionales y siempre dentro del umbral de un horizonte de sucesos, sujeto al radio de acción de un agujero de Schwarzschild. Que cosas contiene el Cosmos, ¡y a cuál más extraña! Desde que llegué al Astragon, las únicas singularidades que me interesaban eran los senos del alférez Madrigal. En cuanto a su agujero negro, mejor no hablar.

Las ecuaciones clásicas de la teoría de la relatividad general no cuadran con la teoría cuántica. Para entender lo que ocurre dentro del horizonte de sucesos de un agujero negro sin rotación o de Schwarzchild, tenemos que aceptar la derogación, en el punto concreto de la singularidad, de las leyes de la física. Incluyendo la teoría Einsteniana de la relatividad general. El tiempo y la gravedad, tal y como los concebimos, no rigen para los objetos de ínfimo tamaño, de medidas inferiores a la longitud de Planck o de fracciones de tiempo más cortos que el tiempo de Planck. La materia que entre en contacto con el horizonte de sucesos (la singularidad) de un agujero negro (con rotación o sin ella), se verá afectada por procesos cuánticos que retan la lógica. Procesos capaces de resquebrajar la coraza de la mente más cartesiana.

Muchos han sido los locos, suicidas o mentes abiertas (en las cuales primaba más la curiosidad que el espíritu de conservación) que se han introducido en un agujero negro. Nunca regresaron, con lo cual, en cuanto a la información de lo que allí ocurre, la especulación suple la exposición de los hechos. Se dice que, los susodichos procesos cuánticos, se manifiestan sobre la materia o el cosmonauta loco, suicida o abierto de mente, proyectándole hacia un conjunto de dimensiones. El aventurero que se interne en un agujero negro y sobreviva, experimentará emociones y conocimientos reservados originariamente a las deidades: el poder de la omnisciencia. La facultad de estar en muchos sitios a la vez.

Mientras transcurría la clase de mecánica cuántica, pensé en el alférez Madrigal. En la posibilidad de internarme con ella en un agujero negro, de estar en todos los rincones de su piel y de su mente a la vez ¿Habrá sitio, en este universo extraño, para los pulpos cuánticos como yo?

viernes, junio 23, 2006

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/00/Crab_Nebula.jpg

¿Dios existe?

jueves, junio 22, 2006

Abismos cósmicos.

miércoles, junio 21, 2006

El cinturón de Kuiper


A 35 y 1.000 unidades astronómicas del Sol se encuentra el cinturón de Kuiper, una banda de cometas que contiene hasta 1.000 millones de objetos individuales. El cinturón de Kuiper desparrama todo su potencial de colisión desde el mismo plano que los planetas del Sistema Solar, pero mucho más alejado del último de todos ellos: la órbita de plutón con su alocada elipsis.

Desde mí puesto de vigía en la nave Astragon, se me ha encomendado la vigilancia de esos 1.000 millones de objetos individuales que contiene el cinturón de Kuiper. Los cometas del cinturón son perturbados de vez en cuando por fuerzas gravitatorias y empujados al Sistema Solar interno, entre las órbitas de Júpiter y Tierra. Como mi primer día de grumete en la nave, tengo para mí que se trata de una novatada. Pues se me hace imposible controlar esos 1.000 millones de objetos individuales, pierdo la cuenta en los 800.000 y vuelta a empezar ¡Un auténtico suplicio!

No me gustan los cometas, son como las mujeres fatales: hermosos y llamativos pero con corazón de hielo. Esas colas, esos penachos iridiscentes. La vanidad los ha convertido en los pavos reales del cosmos. Aunque también podrían ser considerados los espermatozoides del universo, al ser portadores de moléculas orgánicas e inseminar los planetas tras cada colisión, o quizá fuera más apropiada la palabra fecundación ¡Vamos!, ¡que se lo tienen muy creído! Una célula reproductora, finalizada su función, ya no da más de si. O al menos no debería. Imaginemos un espermatozoide con un exceso de protagonismo tan exacerbado, que quisiera meter baza en la elección del nombre del niño. Pues eso es un cometa.